El «Yo real» vs el «Yo ideal»

Muchas veces tenemos claro qué queremos y qué no queremos, pero no estamos tan dispuestos a reconocer en dónde nos encontramos para poder hacer un plan que una ambos puntos. Lo mismo aplica para nuestros colaboradores. ¿Cómo podemos encontrar el puente entre el "Yo real" con el "Yo ideal" de tal forma que la transición sea natural?

El escritor franco-suizo llamado Olivier Clerc, especialista en perdón y desarrollo personal, y también apasionado de la espiritualidad, en su libro «La rana que no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida» narra la analogía de la situación en la que a una rana en una olla llena de agua, se le va subiendo gradualmente la temperatura. 

Al principio la rana no se da cuenta de estos incrementos de temperatura y naturalmente va regulando la suya. Pero llega el momento en el que la temperatura es tan alta que ya es imposible pasarla desapercibida, pero en ese momento ya es muy tarde para la rana porque ya no tiene suficiente energía para saltar y escapar, ya que esa energía la había utilizado para regular su propia temperatura. Y si la rana hubiera entrado al agua ya hirviendo, hubiera escapado de un brinco inmediatamente. Ésta es una analogía utilizada en el ámbito del desarrollo personal, no es lo que realmente sucedería, ya que si hicieras el experimento verías que la rana sí escapa. 

Pero esta analogía sirve muy bien para explicar lo que, en mi experiencia como coach empresarial, he visto que le pasa a muchas personas, incluyendo dueños de negocio y miembros de su equipo de trabajo, que entran en una zona de confort, se instalan en una rutina y comienzan a pasar desapercibidos contratiempos que terminan convirtiéndose en hábitos muy dañinos para la empresa. 

He conocido muchos dueños de negocio que tras haber alcanzado el estilo de vida que querían, comienzan a perderse, ya saben cómo mantenerse en esa situación y entonces toda esa pasión y entusiasmo que tenían al inicio y que motivaba al equipo, se convirtió en apatía, desinterés y falta de ganas de buscar cosas nuevas. Y no solo lo he visto con los dueños de negocio, sino con los miembros de su equipo de trabajo también.

Es difícil aceptar que estás estancado y que no estás dando lo mejor de ti cuando aparentemente a tu alrededor todo está tranquilo y va bien. Es difícil que una persona acepte que está haciendo un trabajo mediocre, hay una resistencia natural que los hace quedarse ahí hasta que ya es demasiado tarde como para actuar y de ahí vienen los “hubieras”: Si yo hubiera implementado otra estrategia, si yo me hubiera separado de ese socio, etcétera.

Todas las personas debemos forzarnos constantemente a salir de nuestra zona de confort para no caer en estas trampas, porque cuando somos nosotros mismos los que implementamos mejoras, las cosas se pueden poner difíciles, pero tarde que temprano se logran; en cambio, cuando no lo hacemos, la vida se encargará de darnos el empujoncito y es bastante más difícil y desagradable de esta forma. Para que una persona pueda hacer una autoevaluación de su situación actual, es muy importante reconocer primero sus talentos y pasiones. 

Lo que encontramos muchas veces nos resulta desagradable, porque descubrimos que nos hemos convertido en quien nunca quisimos ser. Éste es el síndrome de la rana hervida. 

Es difícil verlo en nosotros mismos, pero fácil verlo en los demás. Si quieres obtener una muy cercana descripción de quien realmente eres, la retroalimentación de las personas a nuestro alrededor es muy valiosa, no tengamos miedo de implementarla en todos los niveles en nuestra organización. 

Claro que no es agradable ver aquella información que pueda poner en peligro la percepción que cada quien tiene de sí mismo. Pero es una de las prácticas más importantes que nos va a permitir tener las herramientas y materiales necesarios para construir el puente entre el yo real y el yo ideal. 

Es una de las mejores maneras de enfrentar los autoengaños. Estos autoengaños es lo que el dramaturgo Henrik Ibsen llamó las “mentiras vitales”, son consuelos que las personas se cuentan a sí mismas para no ver realidades que les inquietarían mucho. Todos lo hacemos, tú, yo, tus gerentes, tu área comercial, todos. Y siendo tú el líder, tú serás el primer interesado en poner en práctica la retroalimentación en toda la empresa.

En sesiones de coaching empresarial, muchos de mis clientes han descubierto que hasta las personas de su equipo de trabajo más brillantes tienen creencias distintas de lo que verdaderamente son, algunas personas se subestiman y otras se sobreestiman, y la retroalimentación es esa gran práctica que les ayuda a corregir su percepción.

 

En sesiones de coaching empresarial, muchos de mis clientes han descubierto que hasta las personas de su equipo de trabajo más brillantes tienen creencias distintas de lo que verdaderamente son, algunas personas se subestiman y otras se sobreestiman, y la retroalimentación es esa gran práctica que les ayuda a corregir su percepción.

Te invito a reflexionar unos minutos ¿Qué tan claro tienen tú y tu equipo de trabajo qué quieren y qué no quieren? ¿Qué tan claro tienen desde dónde están partiendo? ¿Crees que todos en tu empresa tengan la percepción correcta sobre sí mismos? ¿Estás implementando la práctica de la retroalimentación de manera sistemática? 

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